2015

2014 fue tan perfecto, que no creí que pudiese mejorar. Y entonces…

Empezar 2015 en casa, comiendo las uvas con papá, como debe ser pero no había sido durante dos años. Cantar Maquillaje en un karaoke sin saber que aquello era sólo el principio. Llorar levantando un bolígrafo en République. Fuimos Charlie, fuimos sonrisas, fuimos un homenaje a la vida. Mentiras y gordas. Zizek. Taylor Swift. Dejar que las ganas pesasen más que la prudencia. Sin miedo a los cambios, sin miedo a renunciar a lo que me daba seguridad, sin miedo a sonreír, sin miedo a enamorarme. Patatas bravas y happy hour en el Diable como remedio para todos los males. Un beso a orillas del Sena. Ver a Contador en Treviso.  Comer gelato en Venecia. Dudar y dudar. Una lettre de démission. Una mudanza sin rumbo determinado. Saltar la hoguera de San Juan. Los días infinitos del principio del verano en Galicia. Un libro de Ayn Rand. Ca-Nibalismo. Otra mudanza. Hola, Maastricht. Reinventar la felicidad entre libros y café en la biblioteca. Enamorarme de mi nueva bicicleta los días de sol. La BSO de Mamma Mia! Hasta en la sopa. Reencuentros parisinos. Ver despegar al Halcón Milenario de nuevo y que se te empañen los ojos. Madrid sigue siendo sinónimo de sonrisas. Y él, mi sonrisa, más grande, de todas.

 

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¿Europa al rescate de Francia?

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Esta tarde, durante su discurso ante el Parlamento francés en Versalles, François Hollande ha manifestado su intención de apelar al artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea (TUE) con la intención de pedir ayuda a Europa tras los atentados terroristas del viernes. El artículo dice lo siguiente:

‘Si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance, de conformidad con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. Ello se entiende sin perjuicio del carácter específico de la política de seguridad y defensa de determinados Estados miembros.

Los compromisos y la cooperación en este ámbito seguirán ajustándose a los compromisos adquiridos en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que seguirá siendo, para los Estados miembros que forman parte de la misma, el fundamento de su defensa colectiva y el organismo de ejecución de ésta.’

La política exterior europea, y más concretamente el ámbito de seguridad y defensa, pueden parecer a veces un galimatías de difícil puesta en funcionamiento. El área se encuentra regulada en el Capítulo 2 del TUE, que habla de la definición progresiva de una política de defensa común en el largo plazo.

Las competencias en defensa y seguridad las comparten el Consejo Europeo (los Jefes de Estado de los 28 Estados Miembros de la UE), encargado de definir los principios estratégicos y marco general de actuación, y el Consejo de Asuntos Exteriores, encabezado por el Alto Representante, y encargado de velar por ‘la unidad, la coherencia y la eficacia de la acción de la Unión’.  Ambos órganos deben tomar sus decisiones por unanimidad, es decir, los 28 miembros deben poner sus intereses de acuerdo (también existen mecanismos para que grupos de Estados actúen en común, pero no en nombre de toda la Unión) y el Tratado excluye la posibilidad de emitir actos legislativos.

¿Cuáles serían los siguientes pasos para activar el artículo 42.7, como ha sugerido Hollande? El presidente francés ha hablado de la reunión de todos los ministros de exteriores de la UE como primer paso. Sin embargo, el artículo 26 del TUE nos dice que ‘si un acontecimiento internacional así lo exige, el Presidente del Consejo Europeo convocará una reunión extraordinaria del Consejo Europeo para definir las líneas estratégicas de la política de la Unión ante dicho acontecimiento’. En este sentido, parece que debería ser el turno de Tusk de convocar una reunión de Jefes de Estado para definir las líneas de acción respecto a lo sucedido en Francia.

Hollande podría haberse acogido también al Artículo 222 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE), que se refiere concretamente a la posibilidad de un ataque terrorista, señalando que en caso de producirse uno, los Estados Miembros prestarán asistencia al Estado afectado a petición de sus autoridades. En este caso, sí sería el Consejo de Asuntos Exteriores, a propuesta conjunta de la Comisión y del Alto Representante quien determinase su aplicación. ¿Por qué ha elegido Hollande apelar al artículo que habla de ‘agresión armada’ y no al que menciona directamente el terrorismo? No lo sabemos. Puede que esté relacionado con la afirmación, repetida varias veces a lo largo de estos días, de que Europa está en guerra y de que este no es un ataque aislado.

¿Qué más dicen los tratados de la Unión Europea con respecto a la lucha contra el terrorismo? El término aparece en el artículo 43 del TUE, refiriéndose al ‘apoyo prestado a terceros países para combatirlo [el terrorismo] en su territorio’, en el marco de ‘misiones fuera de la Unión que tengan por objetivo garantizar el mantenimiento de la paz, la prevención de conflictos y el fortalecimiento de la seguridad internacional’.

Por su parte, el TFUE se refiere a la acción interna: señala la posibilidad por parte del Parlamento y del Consejo de adoptar ‘medidas administrativas sobre movimiento de capitales y pagos, tales como la inmovilización de fondos, activos financieros o beneficios económicos cuya propiedad, posesión o tenencia ostenten personas físicas o jurídicas, grupos o entidades no estatales’ (Artículo 75), así como ‘normas mínimas relativas a la definición de las infracciones penales y de las sanciones en ámbitos delictivos que sean de especial gravedad y tengan una dimensión transfronteriza’(Artículo 83). Establece también mecanismos de cooperación policial entre Estados Miembros.

Podéis acceder al TUE aquí, y al TFUE aquí. Este artículo pretende esquematizar el marco general de las declaraciones de Hollande de esta tarde, y está lejos de dar una visión completa del ámbito de seguridad y defensa de la Unión Europea, por lo que cualquier comentario, precisión o sugerencia es más que bienvenido.

 

París me enseñó a soñar

Ayer me fui a dormir con angustia, miedo, rabia. Hoy despierto con desasosiego. Leo mensajes de mis amigas y amigos de allí, dicen que están bien. También dicen que tienen miedo y a mí se me revuelven las tripas. No deberíamos tener miedo. Nadie debería hacernos tener miedo. Abro la edición online de Le Figaro y me encuentro con las cifras. Ayer, cuando me fui a dormir, los muertos rondaban unos 30. Ahora hablan ya de 120 y no sé cuántos heridos. Se me hace un nudo en el estómago y la reacción natural de mi cuerpo es hacerse una bola y ponerse a llorar. Hace unos meses que ya no vivo en París, pero sigue siendo mi casa. Hemingway dijo una vez que ‘si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará vayas donde vayas, todo el resto de tu vida’. París forma parte de mí, y me duele verla triste. Me duele que le hagan daño. Me duele pensar en que sus calles estén paralizadas, sangrando, llorando. Me duele que París tenga miedo.

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París me dio la vida hace ahora tres años. Cuando no sabía quién era, ni mucho menos quién quería ser, ella me dio la mano y me enseñó a soñar. Me llevó de paseo por sus rincones y me contó mil secretos en forma de iglesias escondidas, de jardines con siglos de historia, de anécdotas de quienes habían vivido allí antes que yo, de quienes antes que yo, se habían enamorado de ella. A veces pienso en París como si fuese un primer amor, de los que nunca se olvidan, de los que te marcan dentro para caminar siempre contigo. Una vez, un chico del que estaba enamorada me dijo que debía elegir entre París y él, y yo no dudé ni por un segundo. Cómo iba a saber él, que no podría ofrecerme nada comparable a los días de primavera a orillas del Sena, al reflejo del sol en la piedra caliza de la Conciergerie, a la sensación de pertenecer a algo que era mucho más grande que yo.

París me enseñó a soñar. A través de las historias que encontraba en sus rincones, me atreví a escribir la mía pensando no en quién podía ser, sino en quién quería ser. París me hizo creer que nada era imposible. Y así, entre palacios renacentistas, iglesias góticas, cafés con toldo rojo, parques con sillas de hierro verde, museos, atardeceres color naranja desde los puentes del Sena, fui encontrando mi camino entre click y click de mi cámara de fotos. Fui haciéndome con mis lugares especiales, esos, que me hacían sentir que no debía tener miedo a nada. La terraza del último piso de los grandes almacenes Printemps, donde el contemplar desde arriba la belleza de los bulevares haussmannianos, la armonía del trazado de las calles de la ciudad, era para mí sinónimo de paz interior. La explanada de césped que se encuentra entre el Louvre y las Tullerías, salpicada por esculturas de Maillol, donde solía pasar horas leyendo o escribiendo, con la sensación de que las musas que habitaban en el museo acabarían por venir a saludarme. Y cómo no, la estatua de Enrique IV en el Pont Neuf, con la que he hablado tantas veces y a la que le he contado tantas alegrías y penas.

Recuerdo la impotencia absoluta, el miedo, el desconcierto este mes de enero cuando tuvieron lugar los atentados de Charlie Hebdo. La sensación de que querían quitarnos lo más valioso que teníamos: la libertad. Recuerdo también cómo la noche del atentado nos congregamos en République y levantamos nuestros lápices en silencio. El dolor, el miedo, no podrían con nosotros. Hoy el dolor y el miedo han vuelto, pero estoy segura de que seremos más fuertes que ellos. París no debería estar paralizada, sino viva, más viva que nunca, recordando a quien quiera escucharla que nadie es más guapa que ella. París debería estar viva, arrancando suspiros, posando para las fotos con la certeza de que se quedará para siempre en los ojos de quien la mira, de que no habrá nunca nadie igual. Sé que París va a seguir estando viva. Sé que, como a mí hace tres años, va a seguir enseñando a quien quier oírla, que ella los va a hacer soñar.